martes, 9 de diciembre de 2008

Yo quiero ser la querida de Abramovich



Al fin y al cabo tener un novio ruso es lo más, ya lo dijo Carrie Bradshaw. Pues ya puestos a tirar por tierra los principios fundamentales y la dignidad en pos de una visa platino y la vida fácil, no me importaría abandonarme a los brazos del tal Abramovich, uno de esos prodigios de la nueva economía rusa.  A sus 41 añitos, este oligarca es una de las fortunas vivientes más importantes del mundo. 23.000 millones de dólares a golpe de amiguismo con Yeltsin & co, durante el proceso de privatización en seco de los motores de la economía rusa. Presidente del Chelsea, caprichoso, díscolo... Un partido en toda regla

Según parece el empresario se ha dejado la friolera de 500 milloncejos de nada en su nueva chocita, Villa Leopolda. Una mansión al estilo de una villa romana flanqueada por estatuas y frescos en las bóvedas, 4 hectárenas de casorro construido en el siglo XIX por el rey Leopoldo de Bélgica como obsequio para su amante (El sí que sabía agasajar a una dama).



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